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Historia de la Sistemática y la Taxonomía
Por: Eduardo Pineda Villanueva
2014

El estudio de la vida comenzó desde el momento mismo en que el ser humano se realizó preguntas, la simple observación de su entorno genera dudas alrededor de lo que ve, escucha, siente, etc. Dichas preguntas han sido respondidas de muy variadas maneras: desde el mito hasta la demostración formal matemática bajo la lógica.

En este tenor cognitivo que ha ido cambiando durante el tiempo y conforme nuevas herramientas se descubren y utilizan, la humanidad se ha maravillado con las respuestas propuestas por hombres y mujeres que han tenido de alguna manera las condiciones sociales, económicas, intelectuales y hasta fortuitas que les han permitido plantear dichas respuestas.

Una de las grandes tareas que se planteó el hombre quizá desde antes del tiempo de Aristóteles fue la clasificación de los seres vivos, entendiendo en ese momento por vida aquello que de alguna manera nacía, crecía se reproducía y moría, moviéndose, ingiriendo, depredando o alimentando a otros seres.  Estos sistemas de clasificación resultaron ser tantos y algunos tan lógicos y otros absolutamente descabellados que la humanidad no lograba ponerse de acuerdo en un sistema de clasificación de la vida. Un feliz día tuvo a bien nacer en este mundo Carlos Linneo quien se adjudicó la titánica tarea de clasificar a los seres “creados por Dios”, bajo ese propósito utilizó un sistema de nomenclatura que involucraría un sistema jerárquico que llevaba consigo una relación de parentesco entre los seres que habitaban este planeta: un phylum, una clase, un orden, una familia, un género y una especie.

Así, cada ser vivo de este planeta tendría un lugar  dentro de esta escala. Culex salinarius es un inocente mosquito cuyas hembras chupan sangre y cuyos macho se alimentan de glucosa que de acuerdo con la clasificación de  Linneo pertenece a la especie C. salinarius, al género Culex, a la familia Culicidae, al orden Díptera, a la clase Insecta, al phylum Artrópoda  y al reino Animal, ahora, después de Margulis también consideramos que pertenece al dominio Eucaria por poseer células eucariotas. Gracias a esta clasificación jerárquica es posible inferir que Culex salinarius está emparentado estrechamente con otras especies del género Culex como Culex quinquefasciatus, y ambos estarán emparentados con otros Culícidos de diferentes géneros como Aedes aegypti  y así, los culícidos estarán emparentados con otros dípteros como Drosophyla melanogaster  y los dípteros con otros insectos como los Himenópteros o los Ortópteros, los insectos estarán emparentados, con el resto de los artrópodos como los arácnidos o los miriápodos, y los artrópodos con otros animales de diferentes phyla.

 Los animales están emparentados con organismos de otros reinos como los hongos y de esta manera vemos  que las relaciones de parentesco concluyen que todos los seres vivos estamos directa o indirectamente emparentados, quizá este parentesco sea muy lejano por ejemplo una bacteria y un animal o  muy cercano como vimos en el caso de las especies del género Culex.

Todo era miel sobre hojuelas hasta que la humanidad sedienta por conocerlo todo, explicarlo todo, nombrarlo todo y dominarlo todo, se preguntó: y ahora ¿cómo vamos a determinar a qué especie pertenece un bicho? Quizá distinguir entre phyla o entre clases sea sencillo, pues las diferencias morfológicas saltan a la vista, pero conforme nos acercamos a la especie la cosa se complica, incluso en la actualidad se ha tenido que recurrir a caracteres moleculares para determinar especies. En este intento o mejor dicho aún en estos múltiples intentos por organizarnos y determinar de manera contundente un método para identificar especies y para clasificarlas y realizar reconstrucciones sobre la historia evolutiva de un ser vivo se han cometido errores y también aciertos, se han enunciado criterios como el de “parsimonia” por ejemplo, en el que buscamos el camino evolutivo “más corto” para elegir entre varios esquemas representativos de la filogenia de algún bicho (cladogramas), hemos utilizado caracteres para construir matrices que nos lleven a la representación gráfica que ya hemos mencionado sin estar completamente seguros de que los caracteres que elegimos nos revelen la historia verdadera de la evolución de una especie; en ocasiones, al incrementar o disminuir el número de caracteres en una matriz vemos que los cladogramas cambian y las relaciones de parentesco y ancestria propuestas por ellos cambian también.

Entonces, ¿que podríamos concluir acerca de esta complicada tarea pero no por ello menos apasionante que otras disciplinas de la biología? Pues, a mi juicio concluyo que la cladistica o sistemática filogenética dista mucho de ser la taxonomía tradicional descriptiva del pasado, se ha convertido más bien en una herramienta comparativa que más que describir intenta revelar una historia evolutiva, una historia natural. Evidentemente esta tarea solo puede quedarse en un acercamiento, una aproximación, quizá una muy buena aproximación si es que el registro fósil, los caracteres morfológicos y moleculares nos ayudan, pero si no, nuestra aproximación distara aún mucho de acercarse a la realidad histórica; sin embargo yo me pregunto ¿Qué reconstrucción histórica nos revela la verdad completa?

Evidentemente al hablar de historia natural y considerarla parte fundamental del estudio de la vida y éste como objeto central de la biología y a la biología como ciencia, debemos asumir el problema con un carácter científico, valernos de herramientas matemáticas (Wagner) y de la informática (Winclada, por ejemplo) sin embargo no debemos olvidar que las ecuaciones y programas computarizados trabajaran con la información que nosotros le demos a dicha a ecuación, y aquí es donde veo el problema: ¿cómo elegir caracteres? ¿Cómo ser totalmente objetivos en la elección de dichos caracteres? Podemos elegir muchos, quizá muchísimos caracteres pero, ¿son suficientes?

Algunos cladistas dicen: “el color del epitelio de los insectos no es un buen caracter para considerarlo en una matriz pues éste está determinado por la alimentación del bicho y no por condiciones genéticas” y al respecto yo planteo otra opción, hoy sabemos que en color de piel del Homo sapiens está determinado por la concentración de melanina que a su vez está determinada por la expresión de ciertos genes, sin embargo el color de piel no es un carácter que nos indique o que nos lleve a identificar a especies humanas, todos somos Homo sapiens, si algún día un sistémata tiene la ocurrencia de considerar este como un caracter pues va a resultar que hay muchas especies al interior de Homo sapiens, pero, entre blancos y negros puede haber apareamiento y fecundidad, y recordando el concepto de especie de Victoria Sosa (especie: grupo de seres vivos que pueden reproducirse entre sí) pues caeríamos en una contradicción.

Entonces puedo acordar con el artículo leído que en verdad es necesario que haya muchos más investigadores en esta apasionante rama del estudio de la vida, que se requieren profesionales que puedan dar respuestas a las interrogantes que aún tenemos sobre el modo de clasificar la vida y hallar parentescos.

Estoy convencido y coincido con los autores que la sistemática es pilar fundamental de la biología sobre el que descansa por ejemplo la ecología; no podemos comparar poblaciones que habitan lugares diferentes sin estar seguros que ellas contienen a individuos de la misma especie pues caeríamos en un grave error, si es la misma especie y varia en su forma o comportamiento al estar distante, pues podemos culpar al medio ambiente de dicha variación; antes de estar seguros de que es la misma especie no podemos hacer inferencias.

Entonces, la sistemática toma un lugar central para el estudio formal de la vida, por ello se necesita gente de tiempo completo dedicada a realizar aproximaciones de cómo han ido evolucionando los organismos y a reconstruir la historia natural que sin duda es la historia más difícil de reconstruir. Sin embargo siempre serán  aproximaciones y finalmente, eso es lo realmente interesante y apasionante de la ciencia: que nos divertimos en la búsqueda no en el hallazgo. ¿Quién ha respondido con precisión, cuándo surgió la vida en la tierra? o cuándo y cómo se formó el universo, hacia dónde se expande o incluso qué es la vida misma, esto nos recuerda que somos humanos y como tales, nuestra mente genera dudas y respuestas de manera cíclica, no verdades absolutas. Hasta la próxima. Sigamos dudando juntos.

eduardopinedav@ymail.com   

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