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Aristóteles y su influencia en la Iglesia Medieval
Por: Eduardo Pineda Villanueva
2015

Aristóteles es, junto a Sócrates y Platón, por mucho, el filósofo más influyente de la historia occidental (Europa, África del norte y América). Su influencia es tal que la misma iglesia católica se vio fuertemente permeada por su pensamiento principalmente el expuesto en el libro Ética a Nicómaco y el Tratado Sobre el Alma.

Aristóteles fue alumno de Platón y maestro de Teofrasto, su magisterio formó también a Alejandro Magno cuyo padre en respuesta a los servicios educativos de Aristóteles construyó y financió el Liceo donde el filósofo griego impartió cátedras a discípulos avanzados.

Aunque, como ya dijimos, Aristóteles fue discípulo de Platón y amigo del mismo, en alguna ocasión, tras la muerte de su maestro, escribió: “Soy amigo de Platón pero más amigo de la verdad”, con esta sentencia comenzaría una actividad pensante disidente del pensamiento platónico.

Platón era un idealista al defender que nuestra realidad es tan solo un conjunto de sombras y reflejos imperfectos del mundo de las ideas al cual no todos tenemos acceso si no tan solo aquellos que han decidido abordar las ideas desde la reflexión.

En cambio, para Aristóteles, las ideas son tan solo el producto de la abstracción que los hombres hacen de las cosas, no hay tal mundo de las ideas y es la experiencia sensible el camino para conocer y la idea viene después de la experimentación.

Como podemos ver, ambas corrientes de pensamiento son diametralmente distintas y a lo largo de la historia hemos podido constatar esta división filosófica con marcado acento.

Sin embargo, es intención de estas líneas hacer énfasis en la filosofía aristotélica y su influencia en la iglesia medieval. Dentro de la producción filosófica de Aristóteles contamos entre 196 y 550 rollos, algunos rescatados y traducidos primero al árabe y luego el latín, su principal preocupación versaba sobre la división del pensar discursivo en tres ciencias: las  productivas, donde se encontraba la técnica y las artes, las ciencias prácticas, donde estaba la ética y la política y las ciencias teóricas que trataban del conocimiento por el conocimiento en sí mismo, entre éstas estaban las matemáticas, la lógica y la metafísica, aunque para Aristóteles la lógica no era como tal una ciencia sino más bien la preparación formal para la ciencia.

Según Aristóteles en nuestra realidad las cosas pueden estar en acto o en potencia, al referirse a la potencia, el filósofo consideraba que en el universo todo va siendo, por procesos de cambio, lo que deben ser, es decir, por ejemplo, una semilla es ya árbol pero en potencia, cuando las condiciones del medio lo permiten comienza un cambio de la potencia al acto, así, podemos inferir una concepción teleológica de la realidad, es decir, todo tiene un fin, pasar de la potencia al acto.

El filósofo de la Grecia antigua en cuestión veía en fin, una realidad dinámica compuesta por cuatro causas que considero prudente enumerar a continuación, esto me permitirá establecer la relación entre Aristóteles y la iglesia medieval: La causa eficiente, relacionada con el origen de las cosas, la causa material, relacionada con la materia de la que están hechas las cosas, la causa formal, relacionada con la configuración de la materia que compone las cosas y la causa final relacionada con el fin hacia el que las cosas tienden.

Debemos hacer un alto en la causa final de las cosas y en el concepto de acto y potencia. Durante la baja edad media comprendida entre el siglo XI y XV después de Cristo, particularmente en el siglo XIII el teólogo dominico Tomás de Aquino retomó la filosofía de Aristóteles a pesar de las objeciones papales fundadas en el rechazo a las traducciones árabes que antecedieron a las traducciones latinas de la obra del griego. Para Tomás de Aquino, a diferencia de los teólogos de su época, Aristóteles no se equivocó, tan solo quedó incompleto, así que decidió completar la obra aristotélica.

Esta misión auto encomendada derivó en la obra más prolífica que ningún otro teólogo ha podido superar, el trabajo pensante y discursivo de Tomás de Aquino cuenta 130 obras, 890 lecciones sobre Aristóteles, 1650 lecciones sobre la Biblia, 512 cuestiones, 2652 artículos teológicos y 10000 argumentos sobre la existencia de Dios, entre las obras más destacadas encontramos la Suma Contra Gentiles, la Cátedra Áurea y la Suma Teológica, la cual bien puede considerarse el libro de texto base para cualquier estudiante de teología.

Quizá la Suma Teológica es el libro más conocido de Tomás de Aquino, está dividido en cuatro secciones: La primera llamada Quaestio, en ella se expone el problema inicial, la existencia de Dios. La segunda llamada Disputatio, en este apartado se explican los argumentos a favor y en contra respecto a la quaestio, es importante señalar la audacia del teólogo al abordar este segundo apartado, pues hasta ese momento los teólogos no suponían ni por asomo la posibilidad de la inexistencia de Dios. La tercera parte llamada Responsio, en la cual se ofrece una solución razonada y justificada a la segunda parte. Y la cuarta parte llamada Vera Solution, aquí se intenta eliminar razones falsas y afirmar la verdadera solución al problema inicial.

Para Tomás de Aquino Aristóteles corresponde a la pieza fundamental de su razonamiento, volviendo al concepto de acto y potencia, el filósofo griego se pregunta por aquel acto que no estuvo en potencia en momento alguno, es decir, el acto en sí mismo, del mismo modo se pregunta por el motor de la realidad dinámica que, según él mismo, debía permanecer inmóvil y ser eterno; al discursar sobre la causa final de las cosas, es decir hacia donde tienden, Aristóteles afirmaba que ese lugar hacia el que todo tiende es el motor inmóvil de la realidad que a su vez es, el acto en sí mismo. Para Tomás de Aquino por su parte, todo esta explicación aristotélica redunda en Dios.

Así, Dios es, acto puro, acto sin potencia, plenitud, vida feliz y perfecta, goce y pensar en Dios es pensar en quien se piensa a sí mismo.

La condición pragmática de la filosofía de Aristóteles le venía también muy bien a la iglesia, una institución eclesiástica extensionista e inquisitiva requería de la evidencia de los resultados de la fe, es decir, los actos justos de los hombres para con sus hermanos y para con Dios, la ética aristotélica bien resolvía el problema de la justicia, la generosidad, el amor y otros tantos atributos del hombre considerado piadoso por el cristianismo.

Claro que la impiedad de las conquistas, las cruzadas y la inquisición del Santo Oficio por mucho escapan no solo de la ética aristotélica sino del sentido común de piedad y compasión. En el renglón de la convivencia social, Platón y su maestro Sócrates no le fueron de igual utilidad a la institución clériga pues para ellos ningún hombre sabía con certeza qué es el bien, la justicia, la belleza o el amor, la iglesia requería encarnar estas virtudes y lo consiguió mediante la figura de Jesús de Nazaret y la filosofía práctica de Aristóteles.

Por todo lo anterior, en Tomás de Aquino encontramos al teólogo más influyente de la iglesia católica y a la conexión entre Aristóteles y Tomás de Aquino como el acierto más grande (para sus fines, por supuesto) de la iglesia desde que ésta se fundó y hasta nuestros días.

Hasta la próxima, ¡sigamos dudando juntos!

eduardopinedav@ymail.com

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