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El surgimiento de la química
Por: Eduardo Pineda Villanueva
2014

Ante una realidad fraccionada la episteme abordó a partir del siglo XVII algunas partes de la realidad, con partes queremos decir aspectos pero también regiones. Volvamos a la física, Newton y sus “leyes” que, aunque hoy sabemos que no se cumplen en todo el universo continuamos llamándolas “leyes”. La gravitación universal, la interpretación de las fuerzas y la inercia. Los primeros físicos del XVII decían: “Podemos conocer la naturaleza en interacción con ella  misma”, los objeto caen por efecto de la gravedad, los cuerpos se mueven o detienen por causa de la fuerza que otro cuerpo propinó.

Sin embargo la estructura de la physis aún quedaba oculta, ¿Qué le da gravedad a un cuerpo? ¿Solo es su tamaño? ¿Qué hace arder a la madera reseca o al papel al aproximarle fuego?... Por su parte otros  hombres que habían heredado del medioevo la tradición alquimista continuaban en su búsqueda de transformar la materia vil en materia preciosa, en oro. Por cierto, uno de ellos era Isaac Newton quien además practicaba la magia y la astrología.

“Si es posible conocer la physis en su estructura interna será posible controlar e incluso transformar la physis”… la promesa de Bacon materializada cada vez con más fuerza, sin embargo el problema que estaba por venir mostraría ante la episteme de los hombres tres problemas cruciales: Así como el universo es abordado por la astronomía que inició Copérnico, Kepler, Galilei, Bruno, etc. Y con ella notamos la infinidad del cosmos concientizándonos de la imposibilidad de conocer el infinito, volcarse hacia la estructura interna de la materia es igualmente un intento de concebir la infinidad.

Para comprender mejor este enunciado hagamos un ejercicio con la mente: ¿Cuántos números enteros hay en la recta real? –Infinitos. ¿Cuántos números no enteros entre el 1 y 2 hay en la recta real? –Infinitos. Mientras nos alejamos en los números enteros intentando conocer la totalidad nos enteramos de su infinidad, mientras nos adentramos en la numeración entre dos de ellos nos enteramos de lo mismo. Algo similar pasó a los físicos que exploraban el cosmos y a los que exploraban la estructura interna de la materia. Así, la imposibilidad de conocer la naturaleza “desde adentro” representaba el primer problema.

Por otra parte, el concepto de complejidad rondaba la intuición de los curiosos, “Lo que vemos en los objetos: forma, color, textura, peso, volumen, consistencia, densidad, etc. Es resultado de su estructura interna y solo podemos conocer la naturaleza a través de comprender los factores que interactúan adentro y dan como resultado lo que notamos afuera” y ese ir hacia adentro llevó a los hombres a la idea de “elemento”, es decir, las piezas del rompecabezas de la physis que, configuradas de maneras distintas al interactuar, dan lugar a la diversidad material. El segundo problema llegó: conocer los elementos, ordenarlos de acuerdo a sus características y entender la naturaleza mediante las interacciones elementales.

Estas dos crisis epistémicas para las que la física del XVII no estaba preparada devino en el surgimiento de la química, ya no importaba entender la estructura interna para transmutar la materia vil en oro, el objetivo de los químicos era otro, describir, en primera instancia la naturaleza “desde adentro” y en segunda instancia concebir sus interacciones. Por ello, analizando la historiografía de la química como disciplina encontramos un sisma epistémico tan grande entre alquimia y química que difícilmente podemos entender que la segunda devino de la primera, sus objetivos, sus anhelos y sus métodos no se suceden, sus postulados y su contexto son, de esta manera, inconmensurables.

Podemos decir entonces que la química no es resultado de la alquimia por sus diferencias tan sustanciales, podemos decir también que en cambio que la química es producto de la física, el objeto de estudio de la primera es la estructura elemental material y sus interacciones, mientras que el objeto de estudio de la segunda va hacia la interacción de objetos con fuerzas, que si bien son resultado de la estructura interna el interés está en la estructura externa y su inserción en la naturaleza; por supuesto que nos referimos a la física clásica, a la mecánica de Newton, si miramos la física cuántica del siglo XX notaremos en cambio un interés por las fuerzas que ocurren dentro de la estructura elemental, es decir, la física y la química en una fusión transdisciplinaria innegable.

El tercer problema toca a una región de la naturaleza  que  había sido desde tiempos de Aristóteles entendida mediante el concepto de “enaima” ¿Qué hay de la materia que respira, se mueve por voluntad, transforma la materia en energía, se reproduce, germina, se desarrolla incluso en ocasiones de forma indeterminada? ¿Cuál es la estructura de la materia que ingiere, que da flores y frutos, que nada, vuela, camina o se arrastra? ¿De qué está hecha la materia que surge en los troncos de los árboles en forma de umbrela o que crece entre la hojarasca húmeda? En resumen: ¿Cómo se conforman los seres con vida?

Ni la física de Newton, ni la química que exploraba la estructura de la materia interna lo sabían. Los elementos se intuían, se pensaban no por su potencia si no por su acto, por su efecto, color, luz, reacción calorífica, burbujeo, liberación de gases, etc. Los elementos no se veían, pero era posible concebirlos. Respecto de los seres con vida el interés fue más allá… Habiendo agotado las posibilidades divinas y el soplo del Dios medieval, los científicos del siglo XVIII y XIX no repararon en hurgar en los seres vivos, la pieza común en ellos no se veía, el ojo humano y las lentes no bastaban, entonces un hombre, Anton Van Leeuwenhoek  quien trabajaba en el comercio de telas perfeccionó lentes para observar las fibrillas y calcular el valor monetario de sus productos, tomó una muestra de agua en un lago de Ámsterdam, observó el agua con su lente más cóncavo, ahí, en el agua había seres diminutos similares a animales, animálculos, les llamó.

Comenzaba entonces una frenética carrera por desarrollar lentes cada vez más eficientes para ver más a detalle. Esas lentes derivaron en el avistamiento de las piezas del rompecabezas de los seres vivos: la célula. La biología que se gestaba desde tiempos de Linneo y su “Sistema Nature”, de Lamarck y su “Filosofía Zoológica” de Darwin y su “Origen de las Especies” de Mendel y sus “Factores legalizados” comenzaban a tomar forma con la teoría Celular que derivó de los trabajos de Schwann, Schleiden y Rudolf Virchow. Pero la biología no tomaría forma definitiva sino hasta la Teoría Sintética de la Evolución, la integración de los estudios del medio ambiente, la genética de poblaciones, los procesos muta génicos, los rescoldos de genética mendeliana y selección darwiniana.

Una disciplina más estaba por tomar auge ¿Dónde se integra y coinciden los objeto de estudio de la física, la química y la biología? –En aquel sitio donde la naturaleza se observa como un sistema, ya sea abierto, cerrado o “aislado”. La fragmentación de la physis parecía desvanecerse, de nuevo se integraba, pero a pesar de entender la naturaleza como un sistema, se pensaba en sus “partes” como sistemas también, sistemas que intercambian materia pero también, energía. El concepto de energía (ya fuese calorífica, lumínica, etc.) hermanaba los cuerpos en la naturaleza, era el factor común entre los objetos que interesan por su interacción externa con otros, la estructura interna elemental de la materia y la estructura celular organizada de los seres  vivos.

La energía se transduce, viaja, se estaciona, se mueve, se almacena, da sentido a la materia, nos habla de la materia, la energía reúne a las ciencias y nos recuerda que la scientia era una y no tres. La energía es, según la primera ley de la termodinámica, eterna.

Todo deviene y vuelve a la energía, la termodinámica es un estudio común a los seres que le importan a la física de Newton, a la química del siglo XVIII y a la biología que aún no se explica si la vida es una  propiedad emergente de la materia, una auto organización molecular o si es tan solo un concepto atribuido como propiedad a aquella parte de la  naturaleza que la física y la química aún no pueden entender.

¡Sigamos dudando juntos! Hasta la próxima…

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